
¿Qué es lo
verdaderamente esencial de la cuestión: el celibato en sí, o la identidad del
sacerdocio como Sacramento? ¿Cuándo y por qué se introdujo el celibato para los
sacerdotes? Responde a estas interrogantes el Hno. Miguel, miembro de la Tercera
Orden Franciscana Seglar.
Así y todo, no es la
mera profesión de votos la que diferencia ambos estados de vida, sino la
Dimensión Esponsal de la Vida Consagrada. Un sacerdote se entrega a Dios, pero
no necesariamente implica ello en su vida una responsabilidad, que ya
explicaremos mejor, y de la que Francisco y Clara son grandes exponentes.
Y es como se nos
presenta la figura del sacerdote: persona que se da a Dios y a los demás, con la
peculiaridad de administrar los sacramentos, que es lo que le diferencia del
resto. Actúa "in persona Christi", y ello sólo en virtud del Sacramento del
Orden. De ahí se debe derivar una coherencia de vida: frecuentar gimnasios,
bares, karaokes... quizá no es malo en si mismo, pero como dice Pablo "mas no
todo me conviene" (1 Cor 6, 12). Es decir, que un alma predispuesta a la oración
y la vida espiritual de forma más exigente y diferenciada que los laicos,
difícilmente frecuentará ambientes o lugares a los que, como me dijeron una vez,
"Jesús iría". Me comentaban el otro día que nadie se puede imaginar en verdad a
Francisco recibiendo las llagas y mascando chicle. Se trata de la predisposición
interior, no tanto de lo externo. Y, así y todo, es difícil juzgar.
Si un sacerdote
guarda o no el celibato es cosa suya, ahora bien, debe tener cuidado de caer en
el escándalo, porque eso hace mucho daño y aleja de Dios a muchas almas. Es muy
delicado. Por lo demás, deberá revisar su vida espiritual y su vocación, lo
mismo que un consagrado, un fraile o un casado.
En resumen: ¿se
podría restablecer el celibato opcional?: no veo por qué no; ¿se hará?: no creo,
por ahora; ¿soy partidario?: sí, pero dependiendo de las circunstancias. Hay que
tener en cuenta la estima de la que gozaba el celibato, y aventurar que
restaurar la opcionalidad arreglaría el tema vocacional es, cuando menos,
superficial y oportunista. Hace 2.000 años que sacerdotes y sacerdotes optan por
el celibato, y unos lo han llevado bien y otros no, pero eso no habla ni en
favor ni en contra. Dios llama, no es que no lo haga. Lo que ocurre es que, los
que somos Iglesia, debemos dar TESTIMONIO, con la Vida y la Palabra, como
hicieran los primeros cristianos, con ese entusiasmo que ha perdido sitio en
favor de una cristiandad que, en muchos casos, parece de Misa Dominical y poco
(o nada) más. En cuestiones de pederastia no entraré, porque, salvo el
escándalo, lo demás se puede aplicar al resto de los mortales. Creo que no hace
falta decir por qué.
Una vida familiar
para un sacerdote ¿perjudicaría su misión? Depende, sin duda, de las necesidades
de la Iglesia particular y de su Obispo y, en consecuencia, del lugar al que sea
eventualmente. El celibato opcional no es necesario, porque tampoco viene
a solucionar nada. El debate está en si se puede considerar inherente al
sacerdocio o debe ser ratificado como algo que no debe darse por el bien del
mismo. Insisto, no es necesario, quizá, pero tampoco es algo aberrante, ni mucho
menos. De todas formas, el día que sea de Dios, volverá. De momento, llevamos
casi 2.000 años sin él por los motivos que sea, y no ha pasado nada. Crisis
vocacionales las hemos tenido siempre. Darle la culpa al celibato es partidista
y equivocado. Antes bien, deberíamos mirar qué hacemos nosotros para que
nuestros amigos, vecinos, colegas... se sientan atraídos por Cristo. Pace Bene!
Miguel Blanes.
Miembro profeso de la Tercera Orden Franciscana Seglar,
Fraternidad de Palma de Mallorca