
Estimados compañeros; Acabo de regresar de Haití. Fui como parte de una comisión
de una plataforma de organizaciones que desde Santo Domingo estamos
coordinándonos para responder a la situación.
Al llegar a la ciudad de Jimaní (sur este de Puerto Príncipe, su punto más
cercano desde RD) el grupo se dividió en dos grupos: una se encargaría de
analizar y hacer contacto en esta ciudad fronteriza; el otro entraría a
territorio haitiano para analizar la situación, hacer contactos y canalizar la
ayuda necesaria. A mi toco estar en esta última.
La comisión que quedó en la ciudad nos contó del despliegue de ayuda que se
inicia desde territorio dominicano: ambulancias, comedores económicos, atención
en los hospitales, maquinarias pesadas, llegada de técnicos de diversas
organizaciones. La parroquia de la ciudad está dando auxilio a los haitianos que
son dados de alta del hospital. Sus salones se han convertido en centro de
acogida. Se coordinó para de inmediato prestar ayuda a esta labor.
Nuestro grupo pasó temprano a la frontera. No hubo inconveniente por parte de
las autoridades de ambos países. Todo se nos facilitó para poder entrar y luego
salir sin ni siquiera presentar nuestros pasaportes. Desde la embajada nos
confirmaron que la frontera está abierta para el de toda ayuda.
Los primeros tres poblados situados luego de la frontera no presentan casi
ningún daño. Los daños aparecen ya al entrar a la zona donde está situado el
Noviciado (Tabare). En esta zona hay bastantes edificaciones colapsadas, no
vimos presencia de muertes. Nuestro noviciado y las casas religiosas aledañas
están bastante agrietadas, de tal forma que nuestros compañeros están residiendo
en tiendas de campaña en el patio. Hasta entonces el noviciado no tenía contacto
con las otras dos comunidades de la ciudad. Hay ausencia total de comunicación
telefónica. Y no hay cobertura de internet.
Al salir de Tabaré nos dirigimos a Delmas. Allí el panorama en muy
desastroso: ha habido muchas muertes, muchas casas desplomadas, un mar de gente
con lo poco que le ha quedado trasladándose sobre su cabeza en busca de un lugar
para residir. No hay casi transporte público. La gente se traslada a pié. Vimos
muchos pequeños y grandes campamentos improvisados. Hay mucho hacinamiento. En
muchos sectores ya el mal olor por los muertos que permanecen bajo los escombros
se va intensificando. El alimento y el agua no aparece. No hay casi negocios
abiertos. Los supermercados que vimos están todos destruidos.
En esta zona están las oficinas de Caritas. La mayor parte de su personal
todavía no había podido reintegrase. La catástrofe a tocado a todos con pérdida
de vidas, lugar de residencia, heridas, ausencia de vestido y de alimentos.
Ellos esperaban el apoyo de sus compañeros del exterior para esa tarde.
Acordamos coordinar parte de nuestra ayuda con ellos.
Luego pudimos pasar a Canapé Vert, donde está otra comunidad. Todo el
trayecto es horrible dada la presencia de tanta destrucción y la presencia de
cadáveres. Nos encontramos con los padres Kawas y Midi.. Ambos están bien, no
sufrieron daños físicos. La casa no colapsó pero está muy agrietada. Ellos
duermen en el patio junto a varios vecinos cuyas casas están totalmente
destruidas. La calle que pasa por el frente de la residencia se ha convertido en
otro ejemplo de campamento de las personas que han quedado sin hogar.
El otro compañero de la comunidad, Nonó, está herido. El sismo lo agarró
cuando llegaba a la casa y una pared de la casa vecina le callo sobre el callo y
le ha fracturado las piernas. Lo llevaron a Ville Manrese, nuestra antigua casa
de retiro ahora en manos de los padres Serviateurs. La casa ha colapsado. Nonó
está en el patio junto a tantos otros damnificados compartiendo otro campamento
improvisado y con gran hacinamiento y necesitado de todo. Acordamos sacarlo
cuanto antes para Santo Domingo para que pueda recibir tratamiento. Roguemos
para que no llueva en la ciudad durante estos día, para que la tragedia no sea
mayor. Se necesitaran muchas tiendas y casas de campaña… Y con ello también
inodoros…
Kawas nos acompañó para ver la situación del centro de Puerto Príncipe. Les
resumo que está totalmente destruido. Todos los edificios de Estado están
destrozados. Esto explica el que todavía la atención gubernamental es casi
inexistente. Escuelas e iglesias no vimos que haya quedado una sola levantada.
La catedral totalmente destruida. En el arzobispado todavía están sacando
cadáveres. Lo mismo en el seminario mayor… Los edificios de formación religiosa
están destruidos. Visitamos algunos locales de ONGs, solo encontramos locales
colapsados, cerrados y un personal afectado por la muerte de sus compañeros.
Todo esto explica en gran parte el que hay todavía una muy débil reacción de la
sociedad organizada. Todos están en estado de shock y padeciendo el dolor y la
situación que todavía les sobrecoge.
La parte comercial es la más destruida de toda la ciudad. No hay negocios
para la venta ni bancos para la obtención de dinero. Todos están colapsados. En
esta zona solo podemos observar escombros, muertos y el dolor de nuestros
hermanos.
El gran parque que está cercano al Palacio Nacional (destruido casi por
completo) está repleto de damnificados. Es un mar de gente. Todavía no se
observa logística para la alimentación de toda esta gente. Esperemos que a
partir de mañana se materialice la ayuda en agua, alimento y vestido para toda
esta multitud. Al final del día vimos que aumentaba el personal de ayuda
humanitaria y supimos de reuniones de varios equipos de trabajo que empiezan a
activarse.
Termino con algunas constataciones y sugerencias:
1. La alimentación (agua y comida no perecedera), salubridad (sepultura de
los cadáveres, adquisición de lugares para las necesidades fisiológicas) y un
lugar para guarecerse son necesidades que todavía esperan respuestas. Estos son
puntos para la colaboración inmediata.
2. Es urgente el proveer de alimentos, agua, medicina, productos para la
higiene y un techo o tienda para guarecerse.
3. Se necesita personal médico para la atención urgente.
4. La presencia de ayuda debe estar localizada fundamentalmente en la ciudad
de Puerto Príncipe. El gobierno y las instancias internacionales deberán iniciar
la gran intervención. A nosotros nos tocará estar presentes solidariamente,
acompañar pequeñas poblaciones muy específicas (Alrededor de Villa Manresa y
sectores aledaños?), canalizar ayuda para las organizaciones que tienen tiempo
trabajando en el terreno, elaborar propuestas a partir de la experiencia e
incidir para que las instancias estatales e internacionales realicen
efectivamente su función.
5. Es importante establecerse también en Jimaní para desde allí colaborar con
el servicio de acogida que desde la parroquia se está brindando.
6. Es muy importante ayudar a restablecer el tejido organizativo de la ciudad
de Puerto Príncipe. El apoyo y el caminar humilde junto a las organizaciones que
allí hacen vida debe formar parte de todo apoyo.
7. Sobre todo hay que hacer saber a este pueblo, a su Iglesia, su vida
religiosa, sus organizaciones y nuestros amigos en el Señor, que estamos junto a
ellos en este momento de dolor…
Comunidad Jesuita de Haití